Juventud, divino tesoro

Hace tiempo que no disfrutaba en una boda como en la de estos jóvenes. Quizás porque fue una boda sincera, de las de “sí, sigo queriéndote” y queda el tiempo como testigo. Marcados en sus rostros todos los momentos de felicidad, “la arruga es bella” y sobre todo si son producidas por muchos y buenos momentos. Una familia encantadora y tremendamente feliz por compartir con la pareja este día (otra vez) y ellos mas enamorados e ilusionados que en aquella primera ocasión, en 1966.

Felicidades Abelardo y María, nuestra mas sincera enhorabuena por ser como sois y nuestro agradecimiento por confiar en nosotros para acompañaros en esta ocasión.

 

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